Maldita Política.

Por: María Dolores Del Río

Octubre 2017

 

Los terremotos recientes volvieron a poner en la mira de los ciudadanos a los políticos (en realidad han estado en la mira y en el enojo de los ciudadanos en los últimos años); la devastación en ciudades de los estados de Chiapas, Oaxaca, Morelos, Puebla, y la Ciudad de México fue un acto de la naturaleza, no del hombre, en algunos casos la corrupción generó que la desgracia fuera mayor, al caerse edificios que no contaban con las especificaciones técnicas reglamentadas, pero muchas casas se cayeron por la intensidad de los sismos, sólo por eso. Hoy miles de damnificados perdieron su patrimonio, algunos a sus familiares y el país entero esta conmocionado ante el dolor y el miedo de quienes vivieron estos sucesos.

Maldita política y malditos políticos. En este país todo sucede por culpa de ellos. O casi todo. Si hay que enojarnos con alguien debe ser con ellos. Y no es para menos el enojo ciudadano, la corrupción y la impunidad política en México nos pone en el primer lugar de América Latina (por encima de Venezuela…); pero te pido un momento, solo un momento, para reflexionar las siguientes ideas:

¿Te acuerdas del terremoto del 85? ¿Lo viviste? ¿Ya habías nacido? En ese tiempo sucedieron dos cosas, los ciudadanos salieron a ayudar (de la misma manera que lo hicieron en esta ocasión) y el gobierno se quedó paralizado, mostró su incapacidad para reaccionar, y cuando reacciono lo hizo mal. Era la época del priismo total, gobierno federal, estados, la gran mayoría de los municipios y los congresos estaban dominados por el PRI. El PRI era el sistema político mexicano.

El terremoto provoco un sismo político a la que le siguieron reformas política, que llevaron a la alternancia en los estados, en la Presidencia de la República, en un nuevo escenario en el Congreso. La época de la democracia.

Luego se inundó de más corrupción. Y la corrupción alcanzó a muchos políticos de distintos partidos. Y cuándo el dinero no se utiliza en lo que se debe de utilizar, el país y los estados dejan de avanzar, las oportunidades se detienen, y hoy vivimos en un país más inseguro, más corrupto, más desigual. Pero democrático.

Y aquí quiero que nos detengamos.

El 2017 está obligando a entrar en una disyuntiva: nuevas reglas, que pueden ayudar a hacer de nuestra democracia, una democracia más fuerte y con resultados hacia los ciudadanos, o regresamos al autoritarismo de antes del 85:

  1. No hay duda que la democracia debe costar menos a los ciudadanos. Las campañas deben ser más austeras. Las instituciones y los partidos políticos deben ser austeros y transparentes. Pero si se retira el recurso público para sostener la democracia, saltan las siguientes  preguntas ¿con qué y de quiénes será el dinero con el que operará?, ¿si desaparecen los partidos políticos, seguirá siendo México un país democrático? La democracia se sustenta en instituciones que la vigilan, en partidos políticos que ofrecen sus programas y ciudadanos que participan y deciden. Cualquier elemento que se elimina la debilita más o la desaparece.
  2.  No hay duda que la corrupción está cimbrando a México. Llego a un límite intolerable. Es cierto que durante décadas la sociedad fue permisiva, era casi normal que alguien que llegaba al gobierno se aprovechara de su puesto. La honestidad no era la principal virtud que buscaban los ciudadanos en sus candidatos. Hasta que se dañó el sistema político y  el ciudadano se dio cuenta que la corrupción es la causa y origen de los problemas de nuestro país. Las voces ciudadanas por transparentar y vigilar el recurso público hoy están teniendo ciudadanos y políticos que escuchan. El terremoto que acabamos de vivir puede acelerar estas transformaciones.
  3. No hay duda que  hay que eliminar los privilegios que los funcionarios y políticos acumularon. El fuero para los diputados que surgió para blindarlos de lo que decían y discutían se convirtió en blindaje de fechorías de los pillos encumbrados en la política y hoy tienen fuero no sólo los legisladores, sino un gran número de funcionarios de primer nivel, pero además al sueldo se les sumó condiciones laborales que no tiene el resto de la burocracia, seguros de vida, de gastos médicos, gasolina, viáticos, carros, y convirtió a las dependencias de gobierno en estructuras obesas en gastos administrativos en demérito de su operación.

Este momento requiere de seriedad en las decisiones:

  1. Una democracia austera, requiere de nuevas reglas de equidad.
  2. Los gobiernos deben reducir sus gastos en publicidad y promoción de sus gobernantes, y solo mantener aquella que tenga que ver con los programas que beneficien a la sociedad.
  3. Se deben eliminar los privilegios de los altos funcionarios. Es un privilegio servir al país.
  4. Los funcionarios corruptos deben ir a la cárcel. Se debe eliminar el fuero para que no huyan de la justicia una vez que están fuera de sus cargos.

Todos los ahorros que se hagan en este momento para la reconstrucción de las ciudades afectadas por el sismo debe quedar claro a que bolsa  y bajo que reglas de transparencia se va a ejecutar, porque de lo contrario corremos el otro riesgo, que en lugar de caminar hacia adelante, retrocedamos años y décadas; el PRI tendrá el dinero en su bolsa para decidir, hacer y deshacer, y ya nos ha demostrado que decide, que hace y que deshace…cuando está solo.

Que el 19 S del 17 sirva para avanzar como sucedió con el  19 S del 85.

 

Publicado en: Blog

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